domingo, mayo 04, 2014

Grandes álbumes: INTERPOL - Turn on the bright lights

Turn on the bright lights es el primer álbum de estudio de la banda americana revival post-punk Interpol. Fue grabado en noviembre de 2001 en los estudios Tarquin de Connecticut, y fue co-pruducido por Peter Katis y Gareth Jones. Fue lanzado en agosto de 2002 en Reino Unido y Estados Unidos por el sello independiente Matador Records.

El álbum se posicionó en el lugar 101 de la lista de álbumes británica. En Estados Unidos llegó al número 158 en Billboard 200, y permaneció 73 semanas en la lista Billboard Independient Albums, llegando al puesto número 5. El álbum fue certificado Disco de oro por la RIAA en agosto de 2011 por ventas de más de 500 mil copias.

Fue colocado como Mejor álbum de 2002 por Pitchfork Media, número 20 del Top 200 de la misma revista de Álbumes de la década de 2000, número 5 de la revista Stylus de su lista de Los 20 mejores álbumes de 2002, y número 10 de la misma lista de NME, y número 59 de la lista de Rolling Stone de Los 100 mejores álbumes de la década.

De éste primer álbum se extrajeron como singles los temas Obstacle 1 (número 72 en Reino Unido), PDA y NYC (incluídos en Interpol EP, número 170 en Reino Unido), y Say hello to the angels (número 65 en Reino Unido), y se elaboró un videoclip para cada una de ellas, a excepción de Say hello to the angels.

El álbum debut de Interpol obtuvo tanto éxito crítico que no sólo fue aclamado como uno de los mejores debuts de 2002, sino que es considerado por algunos críticos como uno de los mejores discos de la década. Turn on the bright lights fue posicionado por varios críticos en las listas Top 10 de 2002.

Las críticas sobre el álbum han sido, en general, positivas. Michael Chamy de The Austin Chronicle escribió, "esto es Interpol y su túnica ha sido cortada a partir de tela importante: líneas de bajo melódicas como las de Peter Hook; texturas shoegazer divinas como las de My Bloody Valentine y Ride; un inquieto brinco a lo The Strokes; y un cantante que es la viva imagen del fallecido Ian Curtis". Billboard otorgó al álbum una revisión favorable y comentaba, "empleando guitarras en capas, líneas de bajo sondeadas, y ocasionales sintetizadores desvanecientes, Interpol crea un homenaje a su particular visión de los años 80 que se erige junto a lo mejor de sus ídolos". Noel Murray de The A.V. Club también hizo una crítica favorable y dijo, "la virtud de Interpol radica en la manera que su música se despliega de contraídas aperturas a abiertas codas". Almost Cool escribió, "como álbum de debut, el grupo definitivamente está haciendo algunas cosas excelentes, pero como cualquier banda que es arrastrada por la máquina del despliegue publicitario, puedes quedar decepcionado si esperas demasiado de ellos".

Otras críticas no eran tan buenas. Q denominó el álbum como "de escucha previsiblemente claustrofóbica... Cuando se toman un respiro, Interpol posee la música para que coincidan todas las apacibles tristezas. Asimismo, Simon Williams de Playlouder dijo, "Interpol se prueban a sí mismos ser hombres en una misión para llevarnos a un tiempo en el que las caras largas e incluso abrigos más largos eran de rigor para machos alfa por todo el mundo". Blender escribía, "no es una banda sonora lidiando contra la depresión; es una composición mezclada con optimismo, aunque agridulce".

La publicación de Turn on the bright lights fue precedida por la comercialización del EP Interpol en junio de 2002, su primer lanzamiento para Matador Records. El EP contenía tres canciones: el single para emisoras de radio PDA, el futuro single NYC, y Specialist. Las tres canciones más tarde aparecieron en el álbum, con Specialist incluída como bonus track en las ediciones australiana y japonesa. La promoción del álbum se prolongó durante el año siguiente a su lanzamiento, cuando la banda tocó en la gira NME Awards Tour 2003 junto a The Datsuns, The Polyphonic Spree y The Thrills.

Basándose en tres EPs anteriores, Turn on the bright lights se presentaba con un sonido confiado y seguro. El álbum fue lanzado en 2002, el mismo año en que The Walkmen sacó al mercado Everyone who pretend to like me is gone y Sonic Youth lanzó Murray Street, y sólo un año después Is this it? de que The Strokes se abriese camino. Interpol surgió de estas mismas partes profundas neoyorquinas de un todo mayor, haciendo música con cualidades vagamente similares: oscura, pero bailable; basada en las guitarras, pero atmosférica; pegadiza, pero todavía enigmática.

Turn on the bright lights tenía una arrogancia que cualquier joven podría confundir con pura confianza. Era propulsor y potente, no particularmente lento y oprimido. Poseía una oscuridad claramente optimista. Su discordancia fue fusionada en la forma de fiesta nocturna, la neblina humeante era tan cegadora como infecciosa. Parecía sentirse feliz de estar triste.

Mientras las líneas de bajo staccato de Carlos D se coordinaban con el énfasis de la percusión de Samuel Fogarino, los break-beats y contribuciones atmosféricas de Daniel Kessler, y el bajo registro en lamentos de Paul Banks es simultáneamente apático y apasionado.

El disco de Interpol describe perfectamente la lucha diaria de la sensible moda de dentro hacia fuera. Aquí había una banda que vestía estrictamente de negro formal, que siempre parecía exteriormente aguda, pero sin embargo, estaba siendo devorada por la ansiedad relacionada con las personalidades interiores; la ansiedad específica que proviene de la presión contradictoria de estar tranquilo, e irónica en la imposible reconciliación con la necesidad y el deseo de expresar fervientemente las dudas y frustraciones. El tipo de ansiedad que plantea preguntas como "¿Si llego pronto será el momento adecuado?" Interpol sonaban frescos porque no tenían otra opción. Sus canciones trataban sobre el fracaso de encajar en un molde con una sonrisa.

El debut en larga duración de Interpol está forjado con desconexión emocional y gloria desteñida, barrido épico y catarsis íntima. Inevitablemente, el despliegue publicitario excedía su retorno, pero no hay que dejar de reconocer que Turn on the bright lights es un álbum muy potente y conmovedor. Aunque no es un Closer o un OK Computer, no era impensable que esta banda podría aspirar a esas alturas.

Hablando de Closer, la diferencia con este disco radica en la propia música: lo que interpretaba Joy Division era escaso e irregular, punk con inclinación melancólica, pero a menudo minimalista. Interpol, mientras tanto, eran punk en ética sólo; su música lleva pocas firmas de ese género, y en lugar de ello la banda se sumerge en un ambiente más grande y más teatral con la exuberante producción que contrarresta su grandilocuencia frustrada.

Las letras fijan el tono para un álbum que es igualmente paradójico y a menudo desolador, como sorprendentemente edificante. Cada una de las once canciones del álbum evocan crudeza e inquietante necesidad impregnada de delicada serenidad. Puede ser difícil absorber esta implacabilidad emocional, de la manera que Banks la enfrenta en todo momento, pero es precisamente este reto el que hace este disco tan asombroso.

El golpe visceral del contenido temático está respaldado en todo momento por la melodía entre serrados riffs y percusión amorfa. Algunas canciones destacan sobre las demás, como NYC, que muestra el conflicto del amor condicional por las calles de la ciudad natal de Interpol, o The new y Obstacle 1.

Con la perspectiva de una década de distancia, la aparición de Interpol debe ser interpretada como un refresco en las influencias más que una definición propia. Los primeros EPs del, en ese entonces, cuarteto tenían más de sus mentores que de ellos. Por eso Turn on the bright lights sonaba tan refrescante. Junto con Is this it de The Strokes, armaron el prospecto de cómo debían sonar las bandas “jóvenes”. Pero el peso que se le da a estos dos discos es demasiado grande. Ni siquiera pensando en cómo estas bandas debieron enfrentar el “síndrome del segundo disco” ya era demasiado. La parte positiva es que la calidad era un buen colchón sobre el que reposar.

A principios del nuevo siglo, la música estaba saliendo de la era post-grunge, y con la aparición de estrellas del pop que dominaban los medios de comunicación, como Britney Spears, la prensa sensacionalista fueron rápidos en colgar a The Strokes la etiqueta de "Salvadores del rock and roll". Con el lanzamiento de Is this it de 2001, los tabloides comenzaron a destacar otras bandas de revival garage-rock, como The White Stripes o The Hives. Turn on the bright lights es al post-punk lo que Is this it era al garage-rock: un álbum emblemático que provocó un renacimiento, aunque fuese efímero.

En comparación con The Strokes y otras bandas semejantes, Interpol se beneficiaban de tener una gran base rítmica, quizás la razón por la que el bajista Carlos D fuese al menos tan popular como el cantante y guitarrista Paul Banks. También sacaban provecho de la interacción entre dos guitarristas que sabían lo que estaban haciendo y sabían cómo tocar el uno frente al otro, como se puede escuchar en Obstacle 1, en que mientras uno crea un ritmo constante, el otro aporta unas notas breves de un par de tonos.

Turn on the bright lights es un muy buen disco, redondo, bien construído. Pero el detalle que marca la diferencia radica en que marcan un camino. Si los Strokes iban por la vía del garaje revival, lo de Interpol era un contrabando de sonido árido, mucho Joy Division, pero también del resto del post-punk y bastante de la no-wave norteamericana. Turn on the bright lights era tanto un disco de moderación inmaculada como de miedo de la desenfrenada vida moderna.

La producción del álbum es lo que parece vislumbrarse a primera vista. Aparentemente insistente en ocasiones, las canciones siguen evocando desde el enclaustramiento melancólico a la inestabilidad emocional, de la depresión a lo demencial, de los chillidos pop a las sombrías murmuraciones, de conceptos de seis minutos a divagaciones de tres minutos, de riffs que dan ganas de seguir con los pies a una canción final que te hace reposar sobre el respaldo y perderte en una niebla metafórica.

Letras como "The subway, she is a porno" or "She says brief things, her love's a pony. My love's subliminal" pueden llevar a la perplejidad. Pero el método de Paul parece ser entregar estas frases aparentemente infantiles e incoherentes para ser escuchado en un sentido completamente diferente, cambiando casi las mismas palabras.

El estado de ánimo general del álbum, aunque algo errático, encapsula la esencia de la ciudad de Nueva York. Bullicio y trapicheo en algunos puntos, pero con una calidad casi anestésica que embelesa y te despierta a la vez. De principio a fin, Interpol pinta un retrato multicolor de amor, pérdida, dolor, ganancia, nuevos comienzos y finales duros.

Obviando el estado de Nueva York de sus mentes, Interpol cruzan las líneas del condado hacia un territorio nuevo, claramente mancuniano. La música ofrecida en el álbum se ha comparado en muchas ocasiones a la de grupos como Joy Division y The Chameleons. El electroclash de los 80 no parece tener cabida aquí, excepto quizás como una fiesta que se puede escuchar a través de una pared de partición delgada y deprimente. Además de las comparaciones inevitables e inconfundibles con Joy Division, diseminadas por el aire entre una pálida atmósfera, la voz terrosa de Paul Banks y las potentes y densas guitarras, las influencias de The Smiths también acechan en los ritmos robustos y los vocales desapegados y escuetos.

Interpol atemperan este álbum con una tristeza muy atmosférica: las manchas solares de guitarra que resplandecen a través de Untitled; el eco y el dolor de Leif Erikson; la forma en que la magnífica NYC saca a los caballos a bailar un lento y triste vals por la enfermedad de la ciudad; el sonido de caja de metal cerrada de Obstacle 1...

Es cierto que la voz de Banks podría ser fácilmente confundida por algunos con un monótono desinterés. La razón de por qué es un grave error, sin embargo, es porque hay tantas interpretaciones de sus palabras y, en particular, de la manera que elige para presentarlas. En las grabaciones en vivo y primeros demos, no parecía que se preocupase excesivamente por las palabras que cantaba. Como Ian Curtis, su escritura era una llave para abrir la angustia en la poesía, aunque su voz es más móvil que la de Ian Curtis. Estas crudas grabaciones apuntan a una banda sin refinar en su núcleo, que trabajaban duro para mostrar las fortalezas de las complejidades de estas canciones y suavizar las asperezas.

Con las posteriores grabaciones de Interpol, la banda tiende a suavizar las asperezas hasta brillar aferrándose a sus ganchos y celebrar su contoneo de rock & roll, sin poder asegurarse que Banks tuviera algo verdaderamente especial que decir junto con él. En algún punto del camino, desapareció esa profundidad. Incluso una vuelta por el disco en solitario de Banks muestra la disparidad entre la enorme vitalidad de la juventud de Interpol y cómo esa pasión se estanca en los hábitos.

Desde el comienzo con Untitled, las guitarras intermitentes y temblorosas avizoran un camino tortuoso pero lleno de luz. La energética y llena de lamentos Obstacle 1 es uno de los hits de los que muchos argumentan que Interpol hace un descarado revival de Joy Division, pero lo cierto es que la tensión puesta en la guitarra principal se mezcla con la ternura que acaba presentando el sufrido Paul Banks, a diferencia de la ausencia presente de Ian Curtis.

Interpol son de New York, y su cariño por la ciudad queda demostrado en la calma inquietante y desolada de NYC, seguida por la rítmica y cíclica PDA, donde los matices de su propuesta quedan cada vez más claros. Y no sólo funcionan, sino que van armando un disco imprescindible.

Luego llegan la rítmica y muy rocker Say hello to the angels que, de todas formas, no abandona esos sonidos puestos en la postproducción que evocan parajes amplios, dignos de agorafobia, y el freno de mano que pone Hands away, con la voz de Banks doblada y una instrumentalización que, pese a lo breve de la canción, gana en profundidad y concisión.

Ya cuando se llega a Obstacle 2, se intuye que estamos ante un gran disco. Por eso no resulta molesto que repitan la fórmula de Obstacle 1. Aquí la clave reside en el desarrollo de las letras y la historia y emociones que quieren transmitir. Además, Banks suena más añorante que nunca y se entrega más que en otras canciones.

Luego aparece la épica Stella was a diver and she was always down, que ahonda en un mar gris y la historia de una chica que remite a la plegaria que subyace de Turn on the brights lights: aunque estés deprimido, renuente o simplemente llano y vacío, de todas formas sientes más que eso, hay más matices. O sea, en otra clave, Interpol trata de avanzar en la senda de Coldplay, con una música tan desesperanzadora como llena de ilusiones.

Roland es una canción un tanto intrascendente para el resto que aparenta magnificencia. Y como botón de muestra de esta vocación por la grandeza, el dúo final de canciones son un verdadero lujo, encabezado por la desgarradora y chocante The new. Y es un golpe, porque tras Roland da la impresión de que la rabia y los quiebres emocionales de Banks (como un símil a Ian Curtis) se van dejando paso a una paz que deja ver una aceptación y resignación. Pero The new no necesita de estos artilugios para demostrar su fuerza. La guitarra de Daniel Kessler se funde en un contrapunto exquisito con las líneas de bajo de Carlos Dengler, y hacen que esta calma aparente derive en una espiral de la que se hace complicado escapar.

Ya el cierre con Leif Erikson suena a una despedida, con cambios de tempo y una construcción triste, perdida, haciendo que quedemos con esa sensación de desasosiego.

Porque de eso se trata Turn on the bright lights. Es más que un álbum inflado por la crítica que quedó maravillada con estos neoyorquinos que desde el indie se sacaban uno de los discos del año.

La escucha del LP transmite que las emociones en todas las canciones están a flor de piel, y da lo mismo que muchas veces suenen parecido a Joy Division, porque la interpretación de cada composición y las inteligentes decisiones tomadas en la producción logran cargar exitosamente este peso de las influencias y, lo que es aún mejor, dejan como producto una obra maravillosa, digna de ser escuchada, sentida e interpretada.

Una versión remasterizada del álbum fue lanzada en 2012 para conmemorar su 10º aniversario, con material adicional, incluyendo grabaciones demo de varias canciones, las canciones bonus disponibles en versiones internacionales, y un DVD con actuaciones en directo y vídeos musicales. Gavilan (cubed) es tremendamente ansiosa, su trabajo de guitarra discordante y tambores marciales se van derramando como puro terror. Igual que Get the girls. La demo Roland lleva saca a pasear un canto fúnebre. Los Third demos de Stella y Leif Erickson muestran a Banks cantando con más derrota, más dolor y más enunciación de las palabras que nos llevarán allí.

Fuentes: http://es.wikipedia.org, http://en.wikipedia.org, http://www.lastfm.es, http://consequenceofsound.net, http://musicadeltercermilenio.wordpress.com, http://pitchfork.com/reviews/albums, http://rateyourmusic.com, http://www.nme.com, http://www.sputnikmusic.com, http://rincondesconexion.blogspot.com

Listado de canciones:

1.-   Untitled
2.-   Obstacle 1
3.-   NYC
4.-   PDA
5.-   Say hello to the angels
6.-   Hands away
7.-   Obstacle 2
8.-   Stella was a diver and she was always down
9.-   Roland
10.- The new
11.- Leif Erikson

Tenth Anniversary Edition:
12.- Interlude
13.- Specialist
14.- Get the girls/Song 5
15.- Precipitate
16.- Song seven
17.- A time to be so small
18.- Gavilan/Cubed

Vídeos:

Untitled - Interpol


Obstacle 1 - Interpol


NYC - Interpol


PDA - Interpol


Say hello to the angels - Interpol


Hands away - Interpol


Obstacle 2 - Interpol


Stella was a diver and she was always down - Interpol


Roland - Interpol


The new - Interpol


Leif Erikson - Interpol


Interlude - Interpol


Specialist - Interpol


Get the girls/Song 5 - Interpol


Precipitate - Interpol


Song seven - Interpol


A time to be so small - Interpol


Gavilan/Cubed - Interpol