domingo, noviembre 15, 2015

Grandes álbumes: SIMPLE MINDS - Once upon a time

Once upon a time es el séptimo álbum de estudio de Simple Minds, aparecido en octubre de 1985. Aunque ya había conseguido éxito en su nativo Reino Unido y Europa, la banda también se convirtió en popular en Estados Unidos, debido principalmente a la canción escrita por Keith Forsey y Steve Schiff, Don't you (forget about me), que apareció en la banda sonora de The Breakfast Club, y se convirtió en número 1 en dicho país. Sin embargo, la banda dejó deliberadamente la canción fuera del álbum debido a su reticencia a grabarlo.

Cuatro singles fueron extraídos del álbum; Alive and kicking (número 7 en Reino Unido y 3 en Billboard Hot 100 y 2 en Mainstream Rock en Estados Unidos), All the things she said (número 9 en Reino Unido y 28 en Billboard Hot 100 y 9 en Mainstream Rock  en Estados Unidos), Sanctify yourself (número 10 en Reino Unido y 14 en Billboard Hot 100 y 3 en Mainstream Rock en Estados Unidos) y Ghostdancing (13 en Reino Unido). El álbum llegó al número 1 en las listas británicas (siendo certificado con tres Discos de platino) y alcanzó el puesto 10 en las listas de Estados Unidos (con 5 semanas consecutivas en el Top 10 de Billboard 200 y 16 semanas en el Top 20, y certificado con Disco de oro), 2 en Italia y 3 en Canadá..

Provenientes de Escocia, Simple Minds surgieron a finales de la década de 1970 como una banda de art-rock que mostraba destreza para hacer grandes cosas, un rasgo que, junto con los vocales principales de Jim Kerr, les procuró una gran base de fans y críticas que los comparaban favorablemente a U2. Kerr y el guitarrista Charlie Burchill habían estado en un grupo punk en Glasgow antes de que reclutasen al resto de miembros de lo que sería Simple Minds. Con el cambio de componentes se produjo un cambio en la música, y mientras que sus primeros álbumes variaban en estilo, su quinto disco, New gold dream (81-82-83-84) de 1982, se convirtió en su primer álbum en entrar en las listas de Estados Unidos, incluyendo éxitos como Promised you a miracle y Glittering prize, junto con algunas otras canciones notables como Someone somewhere in summertime.

La evolución de Simple Minds en sus primeros años fue fascinante, zigzagueando entre canciones atmosféricas, dance y pop mainstream. New gold dream y Sparkle in the rain fueron grabaciones de artesanía sublime, pero Once upon a time fue el disco con el que los Simple Minds se coronaron.

A mediados de los 80, Simple Minds estaban en una situación difícil, ya que se habían establecido como grupo post-punk, y se habían colocado lenta pero seguramente con modesto éxito en las listas de Reino Unido con su adusto synthpop de sabor europeo. Sin embargo, se habían aparentemente convertido de manera accidental en mega-estrellas al otro lado del Atlántico cuando Don't you (forget about me) apareció en la banda sonora de la popular The Breakfast Club de A&M. Esto les sirvió de trampolín en el circuito americano de estadios, donde pudieron codearse con U2 y toda clase de bandas de AOR americanas, y para aprovechar esa inercia necesitaban un álbum de rock de estadios.

Con la publicación de Don't you (forget about me), canción escrita por Keith Forsey y Steve Schiff, y su actuación en el Live Aid de julio de 1985 en el estadio JFK de FiladelfiaSimple Minds finalmente penetraron en América, capturando la emoción desgarradora de bandas como U2 (tras este disco se comenzó a llamar a los Simple Minds como U3), y se transformaron en uno de los grandes nombres de la música, con la voz sedienta de Jim Kerr convirtiéndose en la firma de la banda, pero estaba claro que su objetivo era triunfar en ese país con su propio material como lo habían hecho en todas partes del mundo.

A los pocos días de su publicación, el disco ya se encontraba en lo más alto de las listas. Sin embargo, algunos críticos les acusaban de haberse buscado una imagen menos fascinante y más comprometida con el público estadounidense. En efecto, Once upon a time es un disco impregnado del sonido típico de las producciones estadounidenses. En cuanto al énfasis en introducirse en el mercado americano en 1985, Kerr declaraba, "no creo que estemos haciendo un intento deliberado para conquistar Estados Unidos. América ha manifestado su cariño con la banda y estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para responder". 

Once upon a time, producido por Jimmy Iovine (U2, Stevie Nicks, Bruce Springsteen, Tom Petty, Patti Smith, Dire Straits) y Bob Clearmountain (Bryan Adams, Jim Carroll), mostraba un sonido más de guitarra que los álbumes anteriores del grupo, sustituyendo los excesos de Steve Lillywhite y el calculado sonido pop de David Foster por una mezcla densa y sofisticada donde todos los instrumentos son cristalinos, con la voz de Jim Kerr conduciéndolos. Los éxitos de synthpop profuso de la banda se habían relajado un poco, y el estilo encantador de interpretación Charlie Burchill era más notorio, así como los bellos coros de Robin Clark, que lanzaron a la popularidad canciones como Alive & kicking y Sanctify yourself. Once upon a time fue uno de los mejores álbumes del grupo, emanando una más cruda energía y sólidas composiciones que sus discos anteriores no capturaron enteramente.

El cambio en los productores no fue el único que hicieron Simple Minds. Al cantante Jim Kerr, el guitarrista Charles Burchill, el teclista Michael (Mick) MacNeil y el baterista Mel Gaynor, se sumó un nuevo miembro, el bajista John Giblin. El grupo conoció a Giblin, quien había tocado con Peter Gabriel, Phil Collins, Kate Bush y otros, cuando Simple Minds abrió para Peter Gabriel en una gira cuatro años antes, y además era escocés. 

Sin embargo, comentaba Jim Kerr, "Simple Minds siempre se han considerado como una banda internacional". Pero cuando llegó la hora de decidir la producción, se encontraron prestando atención a "la vibración de las grabaciones americanas frente a las británicas y otras que oímos en la radio británica. Creo que es lo que provocó que buscásemos productores estadounidenses. Por supuesto, Jimmy Iovine y Bob Clearmountain son dos de los mejores que Estados Unidos tiene para ofrecer".

Iovine y Clearmountain ofrecían a Simple Minds un balance distinto de disciplina y espontaneidad. "Jimmy nos intimidaba suavemente en enfocar nuestras canciones en su totalidad", explicaba Kerr. "Anteriormente, generalmente escribíamos canciones desde el punto de vista de la melodía primero y las letras más adelante". Charlie y Mick irían al estudio y harían una jam hasta que surgiese una melodía; yo absorbería el sentimiento y escribiría las palabras más tarde".

En esta época consideraba el estilo entero y la composición de una canción desde el principio. Ello dio lugar a estructuras más formales de la canción y arreglos más ajustados y más tangibles en lugar de nuestro habitual enfoque atmosférico. Pienso que Alive and kicking y Oh Jungleland son especialmente buenos ejemplos de eso".

Clearmountain, por otro lado, ayudó a los Simple Minds a lograr un objetivo que buscaban desde hacía mucho tiempo: traducir el espíritu de sus actuaciones en vivo en el vinilo. "Hay una cierta espontaneidad de sensaciones que sólo puede proceder de una banda que ha tocado mucho juntos y realmente es una unidad", señalaba Kerr. Y mientras los discos de Simple Minds siempre habían sonado bien (la sutileza de New gold dream o el poder espacioso de Sparkle in the rain vienen a la memoria), esa "sensación de directo" estaba todavía ausente en ellos. "Conseguir eso con Bob era realmente un sueño en nuestra carrera", añadía Kerr. "De hecho, creo que Once upon a time era el álbum que habíamos soñando durante tres o cuatro años".

El álbum se editó con dos portadas en su lanzamiento original en formato LP. La portada alternativa utilizaba la imagen posterior para el frontal, y viceversa, y también movía el logo de Simple Minds a la derecha de la portada. La carátula del álbum fue estandarizada para el lanzamiento del CD original, y desde entonces esta versión ha sido la utilizada para las subsiguientes reediciones del álbum. También fue lanzado un disco de imágenes de edición limitada.

El disco arranca con el excesivo pero brillante in crescendo de la canción Once upon a time, tan aparatosa y efectista como efectiva, espectacular y épica. A continuación arranca el single All the things she said, algo saturada de producción y exceso de coros y arreglos, una buena y funcional melodía, en cualquier caso. Ghostdancing es uno de los himnos del disco, de esos temas para poner a todo el público con el puño en alto, una de las canciones más emblemáticas y atinadas de su nueva faceta comprometida; de hecho al publicar el single donaron todos los beneficios a Amnistía Internacional. La cara A se cierra con el himno por excelencia del disco, Alive and kicking, con un piano y un estribillo muy pegadizos, en la que destacan los excelentes y emocionantes coros de la cantante Robin Clark.

Oh Jungleland abre la segunda cara con vigor y contundencia, otro gran tema vibrante destinado para levantar al público de sus asientos en grandes estadios. I wish you were here (nada que ver con la canción de Pink Floyd) ofrece una producción muy cuidada. Sanctify yourself, en cambio, tiene un ritmo irresistible, con un brillante trabajo de percusión y teclados, de los mejores himnos para corear en los estadios de la época. El disco se cierra con la correcta Come a long way, con hipercuidada e inflada producción y arreglos y contundente estribillo.

Virgin Records reeditó el álbum como edición remasterizada en 2002 (edición réplica de cartón vinilo) y principios de 2003 (estuche). Fue lanzado en formato SACD en 2003. En 2005 Virgin hizo otra reedición del álbum en versión DVD-Audio que destacaba por ser un álbum totalmente remezclado. Todas las canciones fueron remezcladas en sonido Surround 5.1, y además se creó una versión estéreo multicanal 2.0 para la compatibilidad con configuraciones de DVD-Audio no Surround. Las canciones en el álbum remezclado difieren en longitud en comparación con la versión original. En la mayoría de los casos son más largos que en la mezcla original.

En 2008, Once upon a time fue catalogado como el 864º álbum más grande de todos los tiempos por la cadena minorista francesa Fnac. En 2013, All the things she said apareció en Grand Theft Auto V, que pasó a ser el videojuego con más altas ventas de la historia.

El mecanismo que Once upon a time puso en marcha era perfecto. Tras la publicación del disco, el grupo salió de gira: primero por Estados Unidos, como teloneros de The Pretenders (prácticamente una luna de miel musical), y después por Gran Bretaña. Durante estos conciertos, el grupo presentó algunos músicos invitados, como Sue Hadjopoulous en la batería, y Robin Clark en los coros. El cambio de año sorprendió a Simple Minds en el primer puesto de todas las listas europeas. Con Once upon a time, Simple Minds lograron realizar un sueño apenas acariciado en aquellos días en que, siendo adolescentes, compraban los discos de los grandes grupos del pop e inventaban cada día nuevos trucos para ver los conciertos sin pagar entrada.

Con todo, Once upon a time también es seguramente su disco más atacado: "demasiado estadounidense, demasiado comercial", escribían muchos críticos. A pesar de las poco favorables críticas de la prensa, el continuo incremento de su popularidad los llevó a emprender una mastodóntica gira en la primavera de 1986. Quienes vieron a Simple Minds actuar en aquella gira tuvieron la impresión de que la banda estaba cerrando un capítulo importante de su carrera, como si quisieran pasar página. Cuando en la primavera de 1987 se publicó el doble álbum en vivo In the city of light, grabado en el Zenith de París, el grupo volvía a acelerar los corazones de sus miles de fans. Sus cuatro caras contenían una hora y media de gran rock, una suma de toda la producción de la banda escocesa.

En definitiva un notable disco con un puñado de temas excelentes, pero que mostraba signos de que los Simple Minds ya eran otro grupo y no recuperarían la creatividad, originalidad y espíritu inquieto del glorioso período 79-82. Tras este disco empezaron a espaciar enormemente sus discos, y tras grabar seis álbumes en sus primeros cuatro años de carrera, necesitaron cuatro años para grabar su siguiente LP de estudio, síntoma de los excesos de la aristocracia del rock de la que ya formaban parte.

Fuentes: http://en.wikipedia.org, http://www.allmusic.com, http://www.simpleminds.org.uk, http://www.robertchristgau.com, https://garada.wordpress.com, http://historiasderock.es.tl, http://allthingsgoodrudegirl.blogspot.com.es, http://www.ciao.es, http://www.amazon.co.uk, http://www.avrev.com, https://itunes.apple.com, http://rateyourmusic.com, http://rincondesconexion.blogspot.com

Listado de canciones:

1.- Once upon a time
2.- All the things she said
3.- Ghostdancing
4.- Alive and kicking
5.- Oh Jungleland
6.- I wish you were here
7.- Sanctify yourself
8.- Come a long way

Vídeos:

Once upon a time - Simple Minds


All the things she said - Simple Minds


Ghostdancing - Simple Minds


Alive and kicking - Simple Minds


Oh Jungleland - Simple Minds


I wish you were here - Simple Minds


Sanctify yourself - Simple Minds


Come a long way - Simple Minds

4 comentarios:

Nostromo dijo...

Muy buena publicación como siempre.
Solo apuntar lo que muy bien dices los coros de Robin Clark, fundamentales y con un toque magistral en sus intervenciones.

bernardo de andres herrero dijo...

el principio dek fn del grupo a i modo de ver. Pese a ser inferior a los precedentes todavia suena de lujo

Johnny J.J. dijo...

Para mí fue una gran decepción. Me quedo con una frase del texto con la que estoy plenamente de acuerdo: "ya eran otro grupo y no recuperarían la creatividad, originalidad y espíritu inquieto del glorioso período 79-82".

JL dijo...

A mí fue un álbum que me gustó mucho para el momento en que fue publicado. Esos mediados de los 80 en que triunfaba en rock en estadios, a los que Simple Minds se acoplaron a la perfección. Pero, visto en perspectiva, estoy un poco con Bernardo. Tras esa fenomenal secuencia de álbumes, entre los que incluyo New gold dream, Sparkle in the rain y Sons of fascination, Once upon a time supuso un paso adelante comercial, pero un también un cierto paso atrás en su carrera, que se vería corroborado con Street fighting years, otro álbum de gran éxito comercial, pero poco sólido, con unas muy buenas canciones para las listas, con el resto del disco más flojo. Sin olvidar ese directo grandísimo, In the city of light.

Del disco, destacables los arreglos y el buen momento musical de sus componentes, y el acierto de sus colaboradores, entre los que Robin Clark en los coros tuvo una participación destacada.

Saludos, Nostromo, Bernardo y Johnny.