domingo, febrero 08, 2015

Grandes álbumes: LOU REED - Transformer

Transformer es el segundo álbum de estudio del músico de rock estadounidense Lou Reed, lanzado en noviembre de 1972. Como con su predecesor, Lou Reed, Transformer contiene canciones compuestas por Reed cuando estaba en la Velvet Underground (en este disco, cuatro de diez canciones). Andy's chest fue grabada por la banda en 1969 y se hizo una demo de Satellite of love en 1970; estas versiones fueron publicadas en Velvet Underground y Peel slowly and see, respectivamente. Para Transformer, se ralentizó el ritmo up-tempo original de estas canciones.

Transformer es un disco cargado de la energía frenética de la Gran Manzana y siempre con el toque de humor negro del artista, abordando parte de las constantes temáticas del compositor neoyorquino (travestis, putas, homosexuales, drogadictos, extraños personajes...) que grabó en asociación con David Bowie y Mick Ronson. Transformer fue un disco novedoso: si bien trata de sexo, drogas y rock and roll, no lo hace en la versión glamorosa hollywoodense, sino como un paseo por la salvaje vida de los oscuros rincones neoyorkinos.

New York telephone conversation y Goodnight ladies son conocidas por haber sido interpretadas en directo durante la residencia de la banda en el verano de 1970 en el Max de Kansas City; la última tomó su título de la última línea de la sección segunda ("A game of chess) del poema modernista de T. S. Eliot, The waste land: "Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night".

Como en la época de Reed en la Velvet Underground, la conexión con Andy Warhol se mantuvo sólida. Según Reed, Warhol le dijo que debería escribir una canción sobre alguien vicioso. Cuando Reed le inquirió lo que quiso decir por vicioso, Warhol respondió: "Ah, ya sabes, como pegarte con una flor", resultando en la canción Vicious.

Aunque todas las canciones en el álbum fueron acreditadas a Reed, durante mucho tiempo se ha rumoreado que Wagon wheel es en realidad una composición de David Bowie.

Dos años después de alejarse de una de las bandas más grandes y más influyentes en la historia del rock, Lou Reed se encontraba sin un centavo, adicto a las drogas, con una dificultosa carrera por delante y seriamente en decadencia. Para empeorar las cosas, su debut homónimo de rock experimental como solista, lanzado a principios de ese año, no tuvo ni mucho menos el éxito esperado, un lanzamiento precipitado de una colección de regrabaciones de segundo nivel de descartes de la Velvet Underground que carecían de la intensidad y el enfoque de su música anterior. Reed estaba en una encrucijada, no estaba seguro de qué dirección tomar con su independencia recién descubierta.

Al mismo tiempo, fue surgiendo una nueva tendencia al otro lado del charco. El glam rock comenzó a florecer en 1971, y al año siguiente había maravillado a innumerables chicos británicos, convirtiéndoles de jóvenes inquietos y descontentos a sofisticados y andróginos ataviados con plataformas, lentejuelas e imponentes cabellos. Fue el primer movimiento mainstream rock que reconoció abiertamente la influencia de los Velvets, y en Marc Bolan, Ian Hunter y Bryan Ferry, Reed comenzó a ver sus protegidos: el tosco y primario rock 'n roll del que fue pionero había encontrado su audiencia.

Lou Reed es un genio en el mundo de la música. Durante sus días como cantante y compositor en la Velvet Underground, fue responsable de algunas de las cosas más increíbles grabadas en vinilo; todas esas grandes, pulidas, abrasivas canciones acerca de la ambivalencia, los matones, el Asthmador, la psicosis tóxica y las erecciones, canciones como Venus in furs, Heroine, Lady Godiva's operation, Sister Ray, White light/White heat, y esas maravillosas nanas de algodón como Candy says y Pale blue eyes. Su primer álbum solista, Lou Reed, a pesar del buen elenco de músicos del que se rodeó (como Rick Wakeman o Steve Howe), fue un poco decepcionante en comparación con su trabajo con los Velvets. Reed se sintió un poco insatisfecho con él.

Tras ese primer álbum de Lou Reed, y tras decidir tomarse un año sabático musicalmente hablando, primero dedicándose a la pintura y, posteriormente, trabajando de mecanógrafo por 40 dólares semanales en el bufete de su padre, en Long Island, se produjo la ascendencia de David Bowie, recien salido del éxito de su superpopular The rise and fall of Ziggy Stardust, quien había sido más periféricamente influenciado por las letras cinemáticas y la deformación sexual de la Velvet Underground. Lou Reed, a su vez, se sintió atraído por la música de Bowie. El verano anterior a la publicación del disco, Reed había hecho su primera aparición inglesa con Bowie. Cuando se les presentó la oportunidad, Bowie y el guitarrista Mick Ronson se ofrecieron para producir el segundo disco en solitario de Reed. Era una necesidad biunívoca, porque Reed, asesorado por RCA, discográfica común de Lou y Bowie, también necesitaba alguien con peso en el mercado musical que guiase su relanzamiento.

Transformer fue producido por David Bowie y Mick Ronson. Bowie hizo referencia oblicuamente a la Velvet Underground en las notas de texto de la portada para su álbum Hunky Dory, e interpretaba regularmente White light/White heat y I'm waiting for the man en sus conciertos y en la BBC durante el período 1971-1973. Incluso empezó a grabar White light/White heat para incluirlo en Pin-ups, pero nunca fue terminada; Ronson la terminó usando como pista de acompañamiento para su álbum solista Play don't worry en 1974. El talento de Mick Ronson, las canciones de Reed (algunas de ellas antiguas y provenientes de los últimos tiempos de la Velvet) y una producción extravagante, pero por momentos genial, auparon a Reed al papel de icono oscuro del rock’n’roll, la versión cruda, “auténtica” y callejera de la ambigüedad sexual, el aroma decadente y el perverso mensaje del glam rock. Por supuesto, hasta que el propio Reed se decidió a ser otra cosa.

Al compositor de música electrónica Brian Eno se le atribuye la siguiente frase, que bien podría resumir la trayectoria del grupo que Reed fundó junto al galés John Cale, The Velvet Underground: "Pocos escucharon a la Velvet, pero todos los que lo hicieron formaron una banda". David Bowie nunca ha sido tímido reconociendo sus influencias, y puesto que la decadencia bohemia y la ambigüedad sexual de la música de Velvet Underground tuvieron un impacto importante en el trabajo de Bowie, no era descabellado que en el punto álgido de la manía por Ziggy Stardust, Bowie se ofreciese a Lou Reed para ayudarle en su carrera tras su primer álbum en solitario. Musicalmente, el trabajo de Reed no tenía demasiado en común con la grandilocuencia sónica de la escena glam, pero era un lugar donde sus excentricidades podían encontrar un buen acomodo, y donde en Transformer, Bowie y su mano derecha Mick Ronson elaborasen un nuevo sonido que mejor conviniese a Reed (y comercialmente más astuto) que el tono ambivalente de su primer álbum solista. Ronson agrega algunos riffs atrevidos de guitarra a Vicious y Hangin' round muy llamativos en comparación con lo que Reed había hecho sistemáticamente con los Velvets, pero todavía rinde homenaje a las fortalezas de Lou en el hard-rock conducido por guitarras, mientras que los arreglos imaginativos que Ronson cocinó para Perfect day, Walk on the wild side y Goodnight ladies mezclaban pop pulido con pensamiento musical peculiares en los conceptos líricos de Reed. El sonido y el estilo de Transformer en muchos sentidos definiría la carrera de Reed en la década de 1970, y mientras lo condujo a un estilo que demostró ser un callejón sin salida, no se puede negar que Bowie y Ronson dieron a su héroe una nueva oportunidad de vida y un álbum sólido.

Mick Ronson (quien en ese momento era el guitarrista de la banda de Bowie, The Spiders From Mars) jugó un papel importante en la grabación del álbum en los estudios Trident, sirviendo como coproductor y músico de sesión primaria (contribuyendo con guitarra, piano, grabadora y coros), así como arreglista, colaborando notablemente en el exuberante arreglo de cuerdas para Perfect day. Reed alabó la contribución de Ronson en el episodio dedicado a Transformer de la serie documental Classic albums, alabando la belleza de su trabajo y manteniendo baja la voz para resaltar las cuerdas. Las canciones del LP están actualmente entre las más conocidas de Reed, incluyendo Walk on the wild side, Perfect day, Vicious y Satellite of love, y el éxito comercial del álbum lo elevó del estatus de culto para convertirse en una estrella internacional. Además, también contó con la participación de Klaus Voormann, bajista de John Lennon y colaborador de The Beatles.

La grabación del disco arrancó en agosto de 1972 y concluyó tan solo nueve días después. El ex-Velvet presentó unas melodías anárquicas y ni siquiera se daba cuenta de cuándo tocaba con la guitarra desafinada. No fue una empresa fácil para Mick Ronson (Ronno) hacer entrar en razón a Reed aunque, finalmente, entre los tres fabricaron una obra maestra, el primer gran disco de Lulu.

La pansexualidad de David Bowie en sus espectáculos no supuso más que un catalizador menor en la emergencia sexual de Lou Reed. La homosexualidad fue siempre un aspecto inherente de la música obscena y ominosa de la Velvet Underground, pero esa era un tipo prepotente, amoral y agresivo de sexualidad. Con algunas notables excepciones, la sexualidad que Reed puso en Transformer es tímida y flácida, como se demuestra en las letras de canciones como Make up, Goodnight ladies, New York telephone conversation y Perfect day.

Pero hay letras más logradas, como en Vicious: "Vicious/You want me to hit you with a stick/When I watch you come/Baby, I just wanna run far away/When I see you walkin' down the street/I step on your hands and I mangle your feet/Oh, baby, you're so vicious/Why don't you swallow razor blades/Do you think I'm some kinda gay blade?" (viciosa/quieres que te golpee con un palo/cuando te veo venir/nena, sólo quiero correr lejos/cuando te veo caminar por la calle/camino sobre tus manos y destrozo tus pies/Oh, nena, eres una viciosa/¿por qué no te tragas las hojas de afeitar?/¿crees que soy algún tipo de hoja gay?) Era la mejor canción que había hecho desde los días de la Velvet Underground, el tipo de canción que puede hacer mejor (su voz no tiene prácticamente ninguna gama).

Walk on the wild side es otra canción ganadora, una relajante y sórdida canción en la tradición de Pale blue eyes, que trata sobre varios personajes notables de Nueva York (como el travesti Holly Woodlawn o el modelo y actor Joe D'allesandro) que frecuentaron The Factory, el estudio de arte que Andy Warhol fundó en Manhattan, y sus aventuras ramificadoras humanas, inquietantemente salpicadas por las frases "walk on the wild side" (camina por el lado salvaje) y "and the colored girls go 'toot-ta-doo, too-ta-doo" (y las chicas coloreadas van toot-ta-doo, too-ta-doo).

Hangin' round, en el que circula un riff que se graba a fuego en la memoria junto a algunos personajes caracterizados con la crudeza y el humor negro de Reed, como Harry, "un hombre rico que se hizo sacerdote" o la "mocosa malcriada" Jeanny; y Satellite of love son los dos restantes cortes de calidad, canciones donde la sexualidad es protopática más que superficial.

New York telephone conversation es la canción más corta del disco y está grabada en vivo junto a Bowie, acompañados sólo de piano, batería y bajo. Finaliza Transformer con la animada I'm so free y con Goodnight ladies, canción como de cierre de bar, que recoge el siguiente verso: "Hemos estado juntos durante mucho tiempo, pero ahora es momento de drogarse".

Ahí estaba Reed para encauzarlo todo con su voz nasal, administrando el feedback con la guitarra y aprovechando esa irrepetible conjunción del verano del 72, cuando cualquier cosa que hiciese Bowie era una genialidad. Y tuvo una ciertamente insólita: decidir que Ronnie Ross, su profesor de saxo, culminara la narración de Walk on the wild side, la cima del Reed cuentacuentos que inicialmente iba a formar parte de un espectáculo teatral que no llegó a realizarse, basado en la novela de Nelson Algren, A walk on the wild side (1956). La idea era de Andy Warhol, pero Reed recogió el título para dibujar viñetas del costumbrismo marginal propio de The Factory desde una ambigua distancia: aquel no era su lado salvaje, sino el de otros... pero lo conocía de primera mano.

Había llegado el momento de rendir cuentas con inteligencia, evitando el tono confesional del arrepentido, pero sin escatimar veneno. Y no le importó la admiración que Bowie sentía por Warhol. Transformer es un juicio con el pope del pop art en el banquillo. En Andy’s chest, escrita en tiempos de terciopelo (como la magnífica Satellite of love) después de que Valerie Solanas disparara contra Warhol, lo describe como “un oso desnudo de color rosa y mente febril”, un adicto al teléfono a quien le dedica también New York telephone conversation. Sin embargo, no están muy claros los cargos contra Warhol porque Reed utiliza la condescendencia para disimular su inseguridad y se pasea por el filo de la ambigüedad fascinación-repulsión sin perder el equilibrio. Incluso la inocente Perfect day, una de sus mejores composiciones, y las más intrascendentes Make up y Goodnight ladies parecen esconder un inquietante mensaje secreto.

Había en Transformer alguna referencia al rock ’n roll crudo que caracterizó a Reed con su grupo original. La fantástica Vicious es pura Velvet, con sus punteos estridentes y nerviosos, y cínica letra. Hangin’ round, riff característico y desfavorecedor retrato de personajes mediante, mantiene el hilo con un glorioso pasado. Y Wagon wheel y I’m so free pueden significar un puente entre el sonido de Reed y los nuevos tiempos que el glam rock estaban imponiendo. Pero, sobre todo, Bowie y Ronson dieron con una imagen completamente distinta de Lou Reed, hasta insertar su peculiar voz en ideas tan extravagantes como el aire de cabaret decadente de canciones como Goodnight ladies y New York telephone conversation, o el acompañamiento de tuba de Make up.

Sin duda, algunas de esas ideas pudieron funcionar mejor que otras. Pero las canciones estaban allí, y por momentos las aportaciones de Bowie y Ronson tenían (y aún tienen) madera de clásicos. Se podría debatir si aquella producción era rock ’n roll. Al menos tal y como se entendía hasta entonces, con esos arreglos de cuerda, el tratamiento de las voces y el solo de saxo. Y siempre es un placer escuchar la expresiva interacción entre el característico recitado de Reed y el contrabajo de Herbie Flowers. Tal y como sucede también en la estupenda Andy’s chest. En Satellite of love, su recargada producción y delicada melodía puede distraer de la celosa paranoia del protagonista. Pero estos contrastes están en la esencia del negro sentido del humor que ha hecho tan grande a Reed.

Como en toda gran canción de Reed, en Perfect day las cosas no son lo que parecen, y por debajo de los suntuosos arreglos de cuerda de Ronson, de la aparente cursilería de las visitas al zoo, del cine, de la sangría a medias en el parque, del perfecto día en pareja, late algo más. Ya lo advierte el embelesado narrador, hay algo que no encaja: “Un día tan perfecto/ que me hiciste olvidarme de mí mismo/ me hiciste creer que era alguien distinto/ alguien bueno”. Por eso cuando llegan los momentos finales, cuando el piano gotea notas y las ampulosas cuerdas le dan toda el dramatismo del mundo al asunto, oímos a Reed reiterar enigmáticamente que “Vas a recoger lo que has sembrado”. Y de alguna manera ya no estamos tan cómodos, todo parece terriblemente triste, terriblemente hermoso y terriblemente real. Así ha creado Reed todas sus obras maestras, y ésta es otra de ellas.

El arranque con Vicious ya era sinónimo de grandeza. Ese ritmo monótono, parsimonioso, arrastrando cada acorde y nota, aquél que le hizo famoso en su banda madre, se encuentra aquí. Sólo algunos fogonazos de Ronson quiebran esa prosodia musical en un inicio memorable. Con una letra alegremente irónica y la condescendencia impetuosa de Reed golpeando su ego: "When I see you walking down the street/ I step on your hands and I mangle your feet/ You're not the kind of person that I even want to meet" (cuando te vi caminando por la calle, piso tus manos y destrozo tus pies/no eres la clase de persona que ni siquiera quería conocer). Su lírica, relataba un episodio con Warhol, en el que el afamado artista describía el vicio como “El ataque de una flor”. A través de esa frase metafórica, el neoyorquino enhebra una retahíla de versos en los que, a través de uno de los pecados capitales más difíciles de soslayar como es la lujuria, habla en clave sobre el por qué de esa carrera en solitario y de aquellos años con la Velvet en la que no despegaban comercialmente debido, todo sea dicho, a sus vicios. Se encontraba tan destrozado por el consumo de heroína, que en muchas giras perdía la noción del espacio-tiempo.

Andy´s chest, más lenta, con una voz contenida y la guitarra y las melodías de bajo tejiendo una fina y delicada armonía sobre la base de la interdependencia musical (magnifica, por otra parte), entre esa peculiar forma de recitar del propio Lou y el contrabajo de Herbie Flowers funcionando a la perfección. Excelente también cuando la batería coge el timón de la canción, ayudando a que ésta explote y la voz aumenta el tono, retadora cuando hace falta y más calmada, en consonancia con la letra. Warhol sufrió en junio de 1968 un atentado atribuido a Valerie Solanas, una miembro de The Factory condenado al ostracismo, especialmente por sus ideas, donde la mujer, para alcanzar su independencia, debería separarse y desmarcarse del patriarcado. Lou, sobre este 'luctuoso' suceso, poniendo en buena compañía sentimientos como la ironía y el cinismo que cobijaban el profundo desdén que sentía hacia su antiguo mecenas, consigue crear una de sus joyas menos revisitadas.

Perfect day es una de las canciones menos características que Reed escribió en su carrera, que puso música a una de las escenas más conocidas de la película Trainspotting; mientras que su producción de baladas y melodías poderosas son agradables en sus propios términos, la canción se siente atrapada bajo su seca entrega vocal y cae un poco plana como resultado. La canción parece que narra una típica, tópica y rosa historia de amor, pero que concluye con un avinagrado "cosecharás lo que has sembrado". Algunos críticos sostienen que, en este tema, el autor se refiere a la heroína. Uno de los distintivos de Reed, aparte de su calidad como intérprete, fue saber jugar con el doble sentido y utilizar éste como el arquetipo de sus letras. ¿Qué podríamos decir de Perfect day a simple vista, con sólo echar un vistazo a su contenido? ¿Que es un alegato sobre el consumo de drogas y los domingos en vacío espiritual debido a la juerga de la noche anterior? Podría ser, pero repasándola a fondo, aquí se adivina una parte más prosaica y mundana sobre las relaciones de pareja, donde aquellos momentos con la persona que queremos, por muy nimios que sean, se antojan como un regalo de la providencia. Pero, conforme uno lee la letra y, a su vez, escucha al artista declamar, va tomando unos tintes dramáticos, amenazando, coaccionando directamente al final con ese "You're going to reap just what you sow", donde, culpando a esa persona a la cual le confió su amor de la herida de muerte que le dejó, emplea un tono admonitorio como si estuviese tejiendo y cortando el hilo de su vida. Y es ahí donde él siempre se ha lucido; pocos mejor que Lou para confrontar sentimientos, pasando de la nostalgia a los reproches, reflejando a la perfección cómo, el amor, lejos de hacernos mejores, muchas veces saca nuestra peor faceta.

Como es lógico, a una canción tan dramática, le corresponde una instrumentación acorde con el mensaje. Y es ahí donde los arreglos de cuerda de Ronson, el piano pergeñando notas transidas del mismo sentimiento de desamparo del artista, y las cuerdas que reflejan ese ambiente que transita entre un drama de Shakespeare y otro de Calderón de la Barca, perlan cada instante de una composición del crooner herido. Hangin' round y Walk on the wild side nos muestran al Lou más irónico y cicatero en los que, acompañado de un ritmo más callejero, clásico, de raigambre cincuentera en el caso de la primera, y de grandiosos arreglos de cuerda en la segunda, coros femeninos y el sinuoso bajo, moldean a la imagen y semejanza del neoyorquino su visión sobre The Factory: refugio de músicos que nunca lo fueron, de lectores de ningún libro, de actrices a las que los excesos y el propio ambiente les pesó mucho más que el de haber hecho grandes cintas, como el caso de Edie Sedgwick, o de mujeres que querían ser hijas de Dylan y acabaron siendo vástagos del estragador efecto del tiempo y la leyenda efímera, como Nico. Walk on the wild side es el clásico cuento de rebelión contra los roles de género de New York City con el que Reed cosechó el mayor reconocimiento comercial de su carrera.

Tras Make up y su ambiente cabaretero, aparece otra de las grandes obras maestras de la música del siglo XX como Satellite of love. Embebido de esa base de piano tan sencilla como genial, ironiza sobre la naturaleza del propio amor y los efectos que éste tiene en la sociedad, y de cómo el entorno, como sucede muchas veces, se siente potentado a juzgar ese amor, o bien ayudando a los amantes, o, en su defecto, haciendo gala de una hipocresía, crucificando socialmente a los amantes, como sucede, por ejemplo, con La Regenta. Los coros de Bowie le dan ese toque épico, así como ese final con esos chasquidos de dedos y los cambios de ritmo sacados de cualquier club de Madison Avenue. Satellite of love sirve como un recordatorio conmovedor de la subestimada habilidad de Reed para las melodías, lo que a menudo eclipsa su firma y abrasividad visceral por las que es generalmente reconocido.

En el mismo plano musical que Vicious, pero acomodada en un ritmo mucho más bailable (sugerencia de Bowie), se encuentra Wagon wheel, otro canto al amor desde una óptica mucho más amable, haciendo referencia a los coqueteos, el lenguaje corporal y el recuerdo que sólo la huella de una mujer puede dejar. New York telephone conversation, así como su cuidada percusión, relata en tono jocoso la manía de la sociedad de hablar por teléfono sobre los amoríos del vecino y de lo que hace o deja de hacer a tal hora. I´m so free y su canto a la libertad individual, enlaza con el genial final que supone Goodnight ladies y ese ambiente de vodevil, de viejos locales de camareros con esmoquin, números sicalípticos, de mujeres inteligentes y peligrosas como Rita Hayworth en Gilda, y en el que la cadencia sonora se ve reforzada en el saxo, la tuba y el silabeo afectado de Reed, rubricando una delicatesen sonora.

La portada se trataba de una fotografía de Mick Rock que fortuitamente se desenfocó cuando la estaba revelando en el cuarto de revelado. Rock notó el fallo, pero decidió que le gustaba el efecto, presentando la imagen para la carátula del álbum. La contraportada muestra a una mujer y un hombre. El hombre, Ernie Thormahlen (un amigo de Reed), tiene un plátano relleno en la parte delantera de sus pantalones vaqueros azules.

Lou Reed aparecía en la portada del plástico y en las sesiones de fotos del disco elegantemente vestido, de cuero brillante, maquillado suntuosamente con esos encajes mímicos en su rostro inexpresivo y alejado de la pomposidad y el artificio de Bolan, y de la retórica y el drama estilizado y decadente, a la par que mágico, inspirado del teatro kabuki, haciendo gala de una estética que sería copiada hasta la saciedad en los 80 por los grupos de la new wave y que, sirvió, entre otras cosas, para que Bono se inspirase en la creación de The Fly, su alter ego más famoso en los tiempos de Achtung baby, ZOO TV y Zooropa.

En un repaso para la revista Rolling Stone, Nick Tosches destacó cuatro canciones de calidad, entre las que estaban Hangin' round y Satellite of love, las cuales consideraba que expresaban una sexualidad estimulante, pero calificaba la mayor parte del álbum de "pretencioso" y carente de asertividad. En una revisión retrospectiva de la Guía de álbumes de Rolling Stone (2004), Tom Hull escribió que Reed "escribió un montón de nuevas canciones inteligentes y trató de sacar provecho del apocadamente andrógino glam-rock del productor David Bowie, quien trabajó suficientemente para romper con Walk on the wild side".

En 1997, Transformer fue nombrado el 44º álbum más grande de todos los tiempos en la encuesta Music of the millenium realizada en Reino Unido por HMV Group, Channel 4, The Guardian y Classic FM. Transformer también ocupa el puesto número 55 de la lista de NME de Los mejores álbumes de la historia. En 2003, el álbum ocupó el número 194 en lista de la revista Rolling Stone de Los 500 mejores álbumes de todos los tiempos. También ha formado parte en alguna ocasión de la lista de la revista Q de Los 100 álbumes más grandes.

El primer single del álbum, Walk on the wild side, se convirtió en un éxito internacional, a pesar de su polémico tema (fue editado en algunos países y prohibido en otros). Es generalmente recordado como una melodía con la firma de Reed. Satellite of love fue publicado como el segundo single en febrero de 1973. En 2002, fue lanzada una edición de 30º aniversario del álbum, en el que, además de demos de Hangin' round y Perfect day, incluye una pista oculta con un anuncio para el álbum. Tras la muerte de Reed en octubre de 2013, las ventas digitales de Transformer, Walk on the wild side y Perfect day aumentaron un 300%, y Walk on the wild side entró en la nueva lista Billboard rock digital songs en el número 38.

Muchos años después, Transformer todavía suena sorprendentemente fresco, libre de muchos de los clichés que contaminaron otros discos importantes semejantemente recordados de la época. También representa una ligera variación respecto de la mayoría del trabajo de los Velvets: a partir de la clara estética de banda completa y a menudo inclinada hacia la vanguardia, Transformer tomó el fuerte trasfondo pop que corría a lo largo de sus discos y se dejó llevar por él. Todavía es fascinante escuchar a Reed fuera de la desordenada infraproducción de los Velvets; sin embargo, incluso con Bowie y Ronson ampliando los arreglos, Transformer se siente muy natural. Su trabajo de producción fue tan cargado que, no si fuera por las canciones increíblemente centradas debajo, podría han estado autoritario. Pero con una base sólida, los arreglos ornamentales ayudan a dar una paleta más amplia a la música de Reed. Lou, por el contrario, suena tan íntimo como nunca en las canciones más sosegadas, cantando en un tono sensible que mantiene su ritmo calmado y sin esfuerzo.

La maldición historicista ha condenado a Transformer a vivir a la sombra de sus causas y sus consecuencias, porque resulta imposible desligarlo del catálogo de maravillas de The Velvet Underground y del estremecedor Berlin (1973). También ha de soportar el peso de esa retórica del rock que habla de un Lou Reed rescatado de la mugre por David Bowie. Incluso ha de resignarse a ser considerado el álbum menos personal de su autor. Paradójicamente, el culpable de todo ello es el propio Lou Reed, enfrentado a posteriori a Transformer como si fuera un hijo no deseado. Seguramente porque el éxito de este disco, debido en buena parte al talento de Bowie y Ronson, fue un insulto para su ego. Reed acertó a ser Lou Reed, pero tuvo que compartir su triunfo con el Bowie que ese mismo año había publicado Ziggy Stardust. Y su ego no se lo podía permitir. Luego llegó Berlin, otro Lou Reed, pero ya nunca volvió a ser el de Transfomer.

En una época en la que los New York Dolls y Sweet no se habían formado, y en el que el glam tendría que esperar a las giras de Bowie, T.Rex, los Roxy Music de Brian Eno o a la década de los 80 para encontrar su sustrato y esencia en el (mal)denominado ‘glam metal’, Transformer funcionaba en este sentido como el ancla que arrastraba consigo el espíritu urbano de la Velvet y su forma de hacer rock, el glam y esa faceta de eterno cantautor sórdido que siempre funcionaba mejor en el caos y en el que, como si de un Quevedo moderno se tratase, usaba sus canciones a modo de pasquín para disparar con bala sobre aquello que había vivido y no le gustaba. Por su originalidad, su ingenio lírico y por el monumental trabajo que es en conjunto, así como esa inmortal portada, es uno de los mejores discos del siglo pasado.

Fuentes: http://en.wikipedia.org, http://www.rollingstone.com, http://www.allmusic.com, http://pitchfork.com, http://es.wikipedia.org, http://www.libertaddigital.com, http://www.plasticosydecibelios.com, http://www.elportaldelmetal.com, http://www.rockdelux.com, http://www.sysvisions.com, http://www.nadabueno.com, http://rateyourmusic.com, http://rancidus.wordpress.com, http://escuchateste.blogspot.com.es, http://www.senalmemoria.gov.co, http://www.alohacriticon.com, http://www.theguardian.com, http://rincondesconexion.blogspot.com


Listado de canciones:

1.-   Vicious
2.-   Andy's chest
3.-   Perfect day
4.-   Hangin' round
5.-   Walk on the wild side
6.-   Make up
7.-   Satellite of love
8.-   Wagon wheel
9.-   New York telephone conversation
10.- I'm so free
11.- Goodnight ladies

Edición 30th anniversary 2002:
12.- Hangin' round (acoustic demo)
13.- Perfect day (acoustic demo)

Vídeos:

Vicious - Lou Reed


Andy's chest - Lou Reed


Perfect day - Lou Reed


Hangin' round - Lou Reed


Walk on the wild side - Lou Reed


Make up - Lou Reed


Satellite of love - Lou Reed


Wagon wheel - Lou Reed


New York telephone conversation - Lou Reed


I'm so free - Lou Reed


Goodnight ladies - Lou Reed


Hangin' round (acoustic demo) - Lou Reed


Perfect day (acoustic demo) - Lou Reed

2 comentarios:

Eduardo García dijo...

Un buen disco con temas clásicos que descubrí hacer relativamente poco.
Per nunca estarde.
Saludos sintéticos.

JL dijo...

Un superdiscazo en el que se nota mucho la mano de Mick Ronson y, aunque menos, de Bowie. Un álbum en el que se juntan Walk on the wild side, Perfect day, Vicious y Satellite of love, ya de por sí ha de entrar entre los clásicos de la música contemporánea. Pero es que el resto de canciones le da más lustre al trabajo.
Si no conocías la discografía de Reed, hay otro disco que me impresionó: Coney Island baby. Otro superdiscazo.
Saludos, Eduardo