domingo, noviembre 30, 2014

Grandes álbumes: BRENDAN PERRY - Ark

Ark (2010) es una auténtica obra maestra de la world music del siglo XXI. Fue el primer álbum de estudio de Brendan Perry en 11 años. Primero fue puesto a disposición del público como parte de un prelanzamiento de edición limitada de 2000 copias autografiadas ofrecidas en un concierto en Praga a finales de marzo de 2010, y en los shows posteriores. Oficialmente fue lanzado en todo el mundo por Cooking Vinyl en junio de 2010, bajo licencia del propio artista. Brendan Perry lo grabó en su propio estudio, Quivvy, una antigua iglesia reconvertida en estudio de grabación situada muy cerca de la frontera de Irlanda con su vecina Irlanda del Norte.

Brendan Perry se encargó de tocar todos los instrumentos adicionales que aparecen en él, escribir las letras (bastante derrotistas, en general), las voces y coros, y de reconvertir instrumentación ajena, a base del cortar y pegar, logrando unos ambientes inquietantes, pasajes atmosféricos y paisajes electrónicos para la mente. Como complemento a los teclados y samples, encontramos coros, instrumentos de viento y cuerda que le dan al resultado final un aire sinfónico nada empalagoso. El disco es un conjunto profundo, oscuro, melancólico y elegíaco, en el que Perry utiliza la electrónica con eficacia y extensivamente

La carrera musical del músico inglés Brendan Perry, especialmente en sus inicios, transcurrió por unos derroteros inusuales. Nacido de padre inglés y madre irlandesa, Brendan no tuvo ningún tipo de formación musical y la única relación con su carrera posterior que podemos encontrar en estos años, fue su participación ocasional en el coro de la iglesia. De ese tiempo, Brendan recuerda con agrado la belleza de alguno de los himnos que interpretaba, a pesar de los textos, con los que nunca comulgó en exceso.

El destino llevó pronto a los padres de Brendan a tener que trasladarse a Auckland, Nueva Zelanda, y fue allí donde Brendan tomó contacto por primera vez con un instrumento musical, tocando la guitarra en la escuela católica a la que asistía, aunque su técnica tenía más de autodidacta que de aprendida, según contaba él mismo. Tras fracasar en sus oposiciones a profesor, empezó a probar suerte en varios grupos locales y acabó formando parte de The Scanvangers, banda punk en la que entró como bajista sin haber tocado nunca antes ese instrumento. Al respecto, cuenta Brendan la anécdota de cómo a los pocos días de incorporarse a la banda empuñó un bajo por primera vez para una actuación televisiva, aunque, afortunadamente, se trataba de un playback, y sólo tuvo que hacer algo de mímica. Como quiera que la carrera de la banda no terminara de despegar, los miembros del grupo decidieron trasladarse a Melbourne, Australia, cambiando el nombre por el de Marching Girls, pero el proyecto no duró mucho.

Tras esa etapa, el músico comenzó a investigar en solitario interesándose en los instrumentos electrónicos, sintetizadores, cintas magnetofónicas, etc., para terminar formando su propia banda llamada Dead Can Dance junto con un par de músicos locales a los que pronto se incorporó Lisa Gerrard. El cuarteto se quedó en dúo cuando Brendan y Lisa se trasladaron a Londres algo después, desarrollando una brillante carrera mediante la creación de un estilo indefinible y muy particular que mezclaba música antigua, folk, ritmos exóticos y algo de electrónica hasta su disolución a finales de los años 90. De origen anglo-irlandés, compartieron una visión original y diferente del mundo que les rodeaba, atreviéndose con un concepto musical totalmente innovador y de altísima calidad, pletórico de sonidos percusivos. Sus trabajos de estudio, llenos de influencias procedentes del Renacimiento y sus estéticas musicales, conformaron su especial forma de entender la música, una mezcla inteligente de toques étnicos, rock tradicional y también estilos antiguos. Aclamados por la crítica, Dead Can Dance reinan ya en su particular tierra musical.

Tras la separación del dúo, las carreras de sus dos integrantes fueron por caminos realmente diferentes. Lisa entró en el mundo de la música para cine, en solitario o acompañada de grandes del género como Hans Zimmer, y lanzó trabajos en solitario con cierta regularidad, casi siempre en una linea cercana a la de Dead Can Dance. Brendan, por el contrario, publicó con cuentagotas. De hecho, Ark fue el segundo que grabó en los casi 15 años transcurridos desde la desaparición de Dead Can Dance, teniendo en cuenta que el primero databa de 1999 y que, en buena parte, estaba compuesto cuando aún existía la banda.

Si bien en su LP de debut en solitario, Eye of the hunter, Brendan se acompañó de un puñado de músicos, para este Ark asumió la tarea interpretativa en solitario y todas las canciones son suyas (en el disco anterior se incluía una versión de su admirado Tim Buckley). También resulta sorprendente que, mientras que su primer disco distaba bastante de lo que Perry componía para Dead Can Dance, la música de Ark estaba mucho más cercana a aquellos patrones estéticos que le dieron fama en su etapa en el ya legendario dúo, como si fuese un paso preparatorio de la reunión del dúo poco después para componer y grabar nuevo material.

Brendan Perry deja un tanto apartada, que no alejada, la veta étnica que empapó las últimas producciones de Dead Can Dance, apareciendo igual de místico, exótico y etéreo, quizás también oscuro, y sin duda dejándonos claro que puede escribir un tema comercial como Wintersun, lo más amable probablemente de su larga carrera musical, con ese solo de guitarra tan emocionante. Es un álbum que no desea ser conceptual, es diferente del anterior con respecto a la desaparición de los ecos de guitarras y percusión real, todo es reemplazado por los samples y el sintetizador. Perry enfatiza guitarras y teclados, y de vez en cuando los ritmos suenan menos orgánicos (y ciertamente menos nativos y acústicos) que los de Dead Can Dance. Sin embargo, la música seduce, gracias a la habilidad de Perry como compositor y productor.

Este segundo esfuerzo de Perry tiene un enfoque muy diferente que su predecesor, lleno de melodías basadas en guitarras acústicas, subrayadas suavemente por escasos arreglos orquestales y percusión. En Ark, sin embargo, Perry en realidad revela una vez más la influencia de Dead Can Dance. Todo el álbum está lleno de referencias musicales de Dead Can Dance de su carrera, excluyendo Spiritchaser. La voz de Brendan es tan cálida, suave e hipnótica como siempre, existe la sensación exótica (Babylon, Crescent), y los nuevos temas son tan hermosos como la mayoría de sus canciones, muy atmosféricos. Sin embargo, este álbum es el ejemplo perfecto de que Perry no queda atascado en estas influencias de Dead Can Dance, ya que las combina perfectamente con estilos tan divergentes como la música electrónica, el trip-hop, o el dub.

Además, en Ark el artista irlandés ofrece múltiples facetas vocales que anteriormente no había mostrado. La severidad de Utopia, otro hit instantáneo en su estilo, el momentazo épico-dramático de Babylon, con esa intro orquestal a la que sigue un ritmo marcial que envuelve unas letras que hablan de la desintegración de la humanidad. Este tema y el que cierra el el álbum, Crescent, una delicadísima balada de nueve minutos, ya eran conocídas por la gira de reunión que Dead Can Dance desarrollaron en 2005.

Entre ambos, nos encontramos con puro etno-techno verdaderamente inquietante en The bogus man y The devil and the deep blue sea, aquí además también místico, y avant-garde en Inferno. Se torna épico y nostálgico en This boy, con unos teclados que parecen envolver al oyente como si llevaran un narcótico en su interior.

Místico, magnético y soñador, el disco de Brendan Perry se muestra como una continuación más moderna de unos Dead Can Dance que hubiesen querido aventurarse por caminos mas electrónicos pero sin perder un ápice de su esencia, y se trata de un trabajo que tiene alma y no suena mecánico o excesivamente producido. Las letras versan sobre oscuros temas como la identidad, la alienación, la amenaza ambiental o política, pero supuestamente con un trasfondo optimista y esperanzador de fondo, aunque más bien melancólico.

Babylon: Perry abre el disco de forma contundente con unas cuerdas sintéticas que dan un aire ciertamente similar a algunos pasajes de Vangelis, pero también a los momentos más intensos de la discografía de Dead Can Dance, con toques étnicos y de world music, con unos teclados apocalípticos que le dan un tono de oscuridad al tema cual banda sonora del fin del mundo. No en vano, el tema fue compuesto en 2005 para la gira de reunión del dúo que transcurrió por varias ciudades de Estados Unidos. Enseguida entran las percusiones y esa profunda voz de crooner de Brendan. El texto está disfrazado de ecología, pero no es sino un afilado dardo en contra del imperialismo norteamericano y su máquina de guerra: “The eagle flies up towards the Sun / high above the fields of Babylon / in one claw he holds an olive branch for peace / in the other twelve arrows for his enemies”. En palabras de su autor, el disco gira alrededor de la trilogía que forman este Babylon, The bogus man y This boy, y en la crítica a la guerra, los políticos y la ambición desmedida.

The bogus man: Mucho más electrónico que cualquiera de los trabajos anteriores de Perry, el tema destaca por el uso intensivo de samples y librerías de sonido en el que trabajó en los últimos años. Con una base rítmica suave de impulsos electrónicos trip-hop, teclados cercanos al gótico, bucles de percusión, y esa voz profunda de Perry, lentamente el tema se va haciendo mas étnico con percusiones tribales y un coro femenino de acompañamiento. Todo en este tema hace recordar a los últimos trabajos de Dead Can Dance, especialmente al disco Into the labyrinth, en el que no habría desentonado. Es una mezcla de diferentes riffs electrónicos e inquietantes superposiciones corales que conforman un perturbador telón de fondo en el que Brendan se lamenta del "político, ciudadano modelo... su ciega ambición" al tintineo de las campanas. Continuando con la línea de crítica política del tema anterior, Perry nos regala fragmentos realmente envenenados: “Poor mothers’ sons will fight your wars / so rich men can reap the rewards” o este otro del estribillo: “Hail Father Ubu / here comes the Grand Guignol / opportunist, you change your tune to suit the times / sycophantic, cold-blooded, reptilian / careering, profiteering, the party line”.

Wintersun: Continuando con los ambientes electrónicos, se produce un cierto giro estilístico en este corte que nos recuerda, por lejanos que puedan parecer, a algunos trabajos, por ejemplo, de la mejor etapa de Depeche Mode. La canción es meditativa y etérea, muy minimalista, no en vano el disco en general se basa más en los teclados que en los instrumentos orgánicos (en contra del anterior Eye of the hunter), lo que le da en general, según palabras del propio Perry, un toque muy "soundspace", actual y "neutral". En ella, Perry trabaja perfectamente con una sabiduría mundana que crea su particular voz, los teclados y la percusión, que encajan con toda su creación. La mezcla de lo viejo y lo nuevo, lo sintético y lo natural, es clave en Ark. Los textos no son tan directos como en temas anteriores y en esta ocasión se centran en el paso del tiempo, simbolizado en el Sol invernal del título que contempla pasivamente el transcurrir de las eras.

Utopia: Sigue la estela del tema anterior llevándonos por parajes algo más dinámicos y alegres, donde los ritmos y las texturas (el uso liberal de un clavicordio sintético) construyen un crescendo escalonado que se mantiene bajo control solamente por la autoridad vocal de Perry. Bowie escribía en Heroes que ella sería reina y él rey, y que ambos serían héroes por un día. Perry, repite una estrofa similar, pero sin convertir a los protagonistas en héroes, sino dándoles la libertad para ser aquello que ellos decidan. Así, imagina Perry su particular utopía y la disfraza de nuevo de canción cercana al pop electrónico, pero con ese punto inquietante que siempre acompaña a su música. Empieza muy catártica con sus riffs masajeantes, y lentamente se vuelve más oscura y premonitoria según progresa. En algún momento se echan de menos algunas cuerdas reales en lugar de tantos instrumentos electrónicos, pero en conjunto, la canción funciona, incluso en esos momentos en los que la voz de Perry se sale de sus registros habituales amenazando con quebrarse.

Inferno: Y si un día alguien dijo que el infierno eran los otros, Perry parece replicarle argumentando que el infierno es la televisión y la dosis diaria de anestésicos que nos suministra, haciéndonos inmunes a todo lo que nos enseña: “I watch the TV, it is my world / Takes my mind beyond these walls / The more I see the less I care / For all the people out there”. Inferno es una inquietante mirada a las personas que optan por vivir sin interacción social. En lo musical, el corte renuncia a las percusiones y se centra en los ambientes oscuros e inquietantes tan presentes en muchos temas de Perry, hasta la segunda mitad en la que cuerdas y ritmos programados intensifican su actividad para terminar junto antes de la lapidaria sentencia final: “Sometimes I just don’t feel myself at all / Sometimes I don’t feel anything at all”.

This boy: Es hipnótica y de estribillo muy pegadizo, tan sosegada y bella como las olas del mar, con mucha predominancia de sintetizador. Es una canción muy lírica que arranca desolada, con un truco retrasando el eco del palillo del tambor, y entonces todo suena muy vacío y seco, con las cuerdas particularmente móviles. Cerrando la trilogía “antibelicista”, Perry nos muestra el punto de vista del niño enviado a luchar en las guerras de los mayores sin saber qué hace allí y, de nuevo las palabras retratan lo injusto de las guerras modernas: “Sometimes it’s hard for us to find the truth / In a world we no longer seem to understand / But don’t let them break us and don’t let them nail us / Into boxes for the old man’s parade”. Con un lento ritmo de marcha, Perry interpreta una de las mejores canciones del disco en su estilo más característico.

The devil and the deep blue sea: Comienza sosegada, nuevamente con Perry recitando mantras vocales con su mayestática voz, hasta que empieza un ritmo cuasi bailable a medio tiempo. Junto con las criticas a la política de defensa de las grandes potencias, la otra gran linea temática del disco es la ecología, y queda puesta de manifiesto en este tema en el que Perry nos pregunta qué vamos a hacer cuando el cambio climático haga el planeta inhabitable con la que es la única referencia al arca del título del disco: “What you going to do when the rain comes? / Are you going to sail on the rising seas like Noah?”. Musicalmente estaríamos ante lo más parecido a un single que se puede encontrar en todo el disco. No se trata necesariamente de una canción de corte comercial, especialmente porque toda la sección inicial es de corte ambiental, pero a partir de la entrada de los ritmos programados y, de un modo más marcado con la llegada del estribillo, se muestra una melodía realmente pegadiza.

Crescent: Segundo de los temas compuestos por Brendan para el reencuentro de Dead Can Dance de 2005, cierra el trabajo con una inquietante reflexión. ¿Qué importa lo que llamamos realidad y percibimos a través de nuestros sentidos, cuando sabemos que es mentira?: “The stars you see in the night sky / Have been dead for centuries / Starlight creates the illusion / Of life for all these years”. Es un canto a los sentimientos por encima de la percepción, lo imaginario frente a lo real, el amor frente a la religión y todo envuelto de los clásicos sonidos intemporales marca de la casa que nos trasladan a épocas y lugares distantes, pero siempre con la extraña sensación de no habernos movido del sitio. Empezando en un velo misterioso, Brendan entra en el escenario para impartir con su sabiduría y cuentos antiguos. Según continúa la canción, se acumulan instrumentos cada vez más naturales y digitales hasta que el entero espectro de audio se llena de hedonismo puro.

Fuentes: http://www.hipersonica.com, http://vozdelosvientos.blogspot.com.es, http://sinfomusic.net, http://epdlp.com, http://higherplainmusic.com, http://www.washingtonpost.com, http://www.allmusic.com, http://www.musicfolio.com, http://www.allvoices.com, http://www.crowsnbones.com, http://everythingisbeautifulandnothinghurts.blogspot.com.es, http://www.kogaionon.com, http://www.insound.com, http://www.2-4-7-music.com, http://en.wikipedia.org, http://rincondesconexion.blogspot.com

Listado de canciones:

1.- Babylon
2.- The bogus man
3.- Wintersun
4.- Utopia
5.- Inferno
6.- This boy
7.- The devil and the deep blue sea
8.- Crescent

Vídeos:

Babylon - Brendan Perry


The bogus man - Brendan Perry


Wintersun - Brendan Perry


Utopia - Brendan Perry


Inferno - Brendan Perry


This boy - Brendan Perry


The devil and the deep blue sea - Brendan Perry


Crescent - Brendan Perry

2 comentarios:

Alex Palahniuk dijo...

¿He leído Dead Can Dance? Voy a ello. Me encantaba esa banda.

JL dijo...

Gran banda, y por separado tiene grandes discos, tanto Brendan Perry como Lisa Gerrard.

Interesante la biografía de Dead Can Dance, y la de los dos en solitario.

Un saludo, Álex.